jueves, 28 de mayo de 2009

Prejuicios



¿Vivimos rodeados de prejuicios?

Introducción

Yo sabía que existían prejuicios, pero nunca antes me había puesto a pensar en ellos. Es hasta ahora que los veo y creo que están por todos lados.“El prejuicio es una actitud injustificable (y normalmente negativa) hacia un grupo y sus miembros.

El prejuicio generalmente implica creencias estereotipadas, sentimientos negativos y una predisposición a la acción discriminatoria”. (Myers, 2007, p. 743).

Hasta ahora que investigué sobre prejuicios, comprendo que es una actitud de grupo y más que natural, es aprendida y seguida para poder pertenecer a ese grupo.

Desarrollo

Existen una infinidad de prejuicios. Los hay clásicos como los prejuicios de raza y de género. Y digo clásicos porque esos, desde niño los conozco, aunque tal vez sin saber que eran prejuicios.

Recuerdo que en la primaria y la secundaria jugábamos a: “péquele al negro” y lanzábamos cualquier objeto que estuviera al alcance de nuestra mano a algún compañero o llamábamos “Memín pinguín o pingüín” a algún compañero simplemente por el hecho de tener la piel de un tono más subido que la de nosotros (yo no soy rubio, ni mucho menos), pero también teníamos compañeros más blancos que la mayoría de nosotros, a uno le llamábamos “el güero balín”, nunca supe por qué, pero también así le decía.

También jugábamos al “Club de Tobi”, un grupo donde las niñas, por ser niñas, no tenían cabida. Pero las niñas, tenían su “Club de Lulú”, en el cuál, nosotros los niños, por ser niños, tampoco entrábamos.

Después de reflexionar sobre los prejuicios me doy cuenta que estoy rodeado de prejuicios, que soy parte de ellos y que existe una gran cantidad de prejuicios: los puedo clasificar en: ocupacionales, de preferencias sexuales, por la forma de vestir, de creencias religiosas, etcétera.

No hace mucho veía en un noticiero una nota sobre una pinta en una barda de la ciudad de Monterrey que decía: “Haz Patria, mata a un chilango”, ese es un prejuicio “regional” por etiquetarlo de alguna forma. He escuchado muchas veces que dicen: “los del norte son altos y francotes“, “los chilangos hablan cantando”, “los del sureste no trabajan, porque estiran un brazo y cortan de un árbol el fruto que necesitan para comer”, “los jarochos son muy groseros”, “los de Monterrey son codos” e infinidad de prejuicios regionales más que he aceptado como si fuera la verdad absoluta, yo nací en el estado de Veracruz y no soy jarocho ni grosero y tengo más de 30 años viviendo en el Distrito federal y no soy chilango, es más no se que significa chilango.

En la calle he visto jóvenes con pantalón muy holgado con el tiro más abajo de las rodillas y con cachucha de lado y lo primero que pienso es: “viste como Cholo” o si veo a una mujer muy alta y muy pintada, pienso: “es un travesti”, estos son prejuicios por la forma de vestir.

Cuando voy manejando, si veo que alguien maneja de manera temeraria o se cambia de carril sin indicarlo con la direccional, pienso que “maneja como pesero” o taxista” sin ponerme a pensar que probablemente hay conductores de ese servicio que manejen bien, pero yo ya lo encasillé así.

Ahora que lo recuerdo, también cuando en domingo por la mañana veo a alguien en la calle vistiendo de traje, sobre todo de color obscuro, digo: “es uno de los Testigos de Jehová”.

Creo que si me pongo a analizar, pienso que llenaría 10 hojas con los de prejuicios que tengo y nunca había analizado, y como lo dice Edison Otero (1977) los prejuicios llevan a la discriminación.

También Edison Otero (1977) dice:

El prejuicio no es sino un filtro en nuestras relaciones con el mundo y nuestros congéneres, y su fundamento se halla en la naturaleza misma de nuestros procesos sensoriales; el prejuicio se acomoda de tal manera a nuestras necesidades que, una vez adherido a nuestra conducta cotidiana, es capaz de conformar nuestras percepciones sensoriales”.

¿Es decir, que irremediablemente soy prejuicioso y que aunque cuando nací no tenía prejuicios, los fui aprendiendo de mis padres y familiares y de los grupos a los que he pertenecido?

Entonces, me pregunto, que puedo hacer con mis prejuicios. ¿Cómo cambiarlos? o mejor aún ¿Cómo quitármelos?

La Dra. Soledad Lemus Martín (2008) de la Universidad de Granada realizó una investigación desde el punto de vista científico sobre los prejuicios asociados al género. Dice que se pueden modificar pese a ser automáticos y actuar de forma implícita.

A mi me gustaría modificar todos los prejuicios que tengo, es más, quitármelos.

Conclusiones

Me pongo a reflexionar sobre los prejuicios y me pregunto: ¿Lo hago de manera conciente o viven permanentemente en mi inconciente? ¿Qué tengo que hacer para liberarme de los perjuicios? ¿Cómo quitármelos?

Quiero imaginar un mundo donde ya no se hable de tolerancia, porque creo que si tolero al de junto, siento como que me tengo que aguantar de su forma de ser o de pensar o de vestir, pero el prejuicio sigue presente. Un mundo donde considere que todos somos iguales, sin estereotipos ni clichés, es más, sin discriminación.

¿Utopía?

No se. Pero creo que a partir de hoy tengo que estar abierto a cuestionarme sobre los prejuicios que tengo. Probablemente eso me haga crecer, ser libre y ver el mundo de una mejor manera.

Referencias

Lemus, M. S. (2008, Febrero 13) Revista de Psicología, Consulta y Ayuda On-Line. Recuperado el 26 de marzo de 2008 de:http://fjnavas.wordpress.com/2008/02/13/metodo-para-modificar-prejuicios-segun-la-universidad-de-granada/#more-442

Myers, D. (2007) Psychology. (8ª. ed.) New York. Worth Publishers.

Otero, E. (1977) El Pensador en la Caverna. Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de Chile. Serie Estudios.

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